El juego de los espejos

Ha pasado tanta agua bajo el puente en los recientes años. Se ha ponderado tanto y derribado tanto, que casi ha sido y es una caricia para el protagonista del arte, poder ver desde el desconcierto y la contradicción, la propia producción y la de aquellos que han sorteado los temporales sin doblegarse, sin dejarse llevar por los cantos de sirena. La juventud es algo que, más que en los seres, se ve o se lee en su producción. ¿Qué otra cosa podría decirse de Yuyo Noé? Como anota Eduardo Stupia, conocer a Yuyo independientemente de su trabajo o del artista es de por sí una experiencia única e íntima. Nunca he tenido esa cercanía, sin embargo su obra reanima y revitaliza la mirada de cualquier artista que comienza su trabajo o que transita algún camino entre el pincel y la tecnología. Yuyo entendió todo y se creó como un artista siempre contemporáneo. ¿Se creó? Nadie se crea a sí mismo, más bien corrige sus errores y sobre esa corrección permanente, que no es habilitada a todos, se arma la divina proporción de nuestra existencia. 

Se ha profundizado mucho sobre Luis Felipe Noé, sobre su obra y también sobre sus proyectos inclusivos. Me gustaría entonces hacer pie en la idea del artista viajero. Todos somos un poco artistas viajeros. Como me dijo una colega Yiyú Finke: ‘qué provincia no visitó Yuyo!’. No pintó los lugares, esencialmente los domó para él, los convirtió en línea y en color, les dio en otro contexto una nueva patria. Cuando trabajó en las imágenes de su serie Federal ¿sabría de su itinerario terrestre? ¿Se habrán cruzado sus jinetes en los campos de Santiago del Estero o de Entre Ríos, serían los mismos, defenderían ideales distintos? Yuyo cruza estas tierras que son teóricamente una y deja ahí en cada hondonada un viento refrescante, aliviador, no solo mostrando sus trabajos sino a través de su palabra, que aún directa y coloquial encierra la síntesis de la experiencia. En la gestualidad de Yuyo está el espacio universal y su motor, su combustión presente. En distintos períodos supo entregar tonos terrosos o las claridades de las planicies. El caos fecundo y revelador es, creo, lo que me despierta mayor emotividad. Sus recorridos gráficos, su ansiedad que dispara y abraza la totalidad. 

Nuevamente y dentro de la estructura de una trilogía audaz, dentro del juego de los espejos, caro en el recorrido de Yuyo y sus primeras emociones, en medio de una pandemia inesperada y desoladora vamos a ver obras que podrían haber sido pintadas en cualquier momento. Estos tres capítulos de una gesta colectiva implican la elección deliberada de trabajos en sintonía de clave que nos permitan penetrar las costuras certeras de un decir bellamente caótico.

A través de lo que ha escrito y de lo que ha pintado se revela como un buceador insolente frente a la contundencia de la vida. Alejandro Puente en sus geometrías abordó la alta cultura primaria y original en el tratamiento y lo difuso. Noé incorpora la voz de los cuatro puntos cardinales. Aquí nuevamente el gesto visionario, la suntuosidad de un decir sensual y ostentoso. Define así, supongo, todo lo que se ha acumulado en él. Es un artista pero es también un intelectual, tal vez tiene algo de sociólogo o de historiador. Por eso hago pie en su tránsito local. Un recorrido que despierta a la ficción de un país ciertamente federal. No es la política, es el ciudadano el que responde y actúa, en el artista que enfrenta con responsabilidad sus dichos, sus dudas, sus amores. Posee la cualidad de algunos filósofos. Alguien escribió que la claridad era la cortesía de los filósofos, la construcción del pensamiento en Yuyo se define en la entrega de una obra totalizadora e inconmensurablemente cortés. 

 

Andres Waissman

Noviembre 2020

Apto para todo público 

                                         Luis Felipe Noé

Gachi Prieto. Buenos Aires, Argentina.