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ARTISTAS

ANDRÉS DE ROSE

1986, Buenos Aires, Argentina

Entropia

ENTROPÍA

 

 

De un modo casi poético, Andrés de Rose busca siluetas, líneas y otros elementos plásticos que propongan sensualidad a la figura, privilegiando lo femenino como un componente  fundamental que adquiere más protagonismo que lo masculino. Esta sensibilidad no solo se expresa en términos figurativos, sino también en términos de color. “En mi esquema, el negro es donde nacen y se alojan los sentimientos, el blanco donde estos evolucionan, vuelan y brillan, el color está en medio, a modo de puente entre la oscuridad y la luz. Lo utilizo para proporcionar temperaturas”, explica el artista.

El trabajo perceptivo de Andrés De Rose, en el que se logra apreciar el sentido más geométrico de una naturaleza desbordada, logra encontrar belleza en criaturas que incluso logran horrorizar a algunos desde su insignificancia. Un acto que no surge espontáneamente, sino que a partir de una reflexión filosófica, que va de la mano de la forma que tiene este creador de vivir el arte: entender cada vez más la vida contemporánea e inducir su propia catarsis y la del espectador, desde un lenguaje poético abstracto, subliminal.

Lía Alvear, 2017
Arte al Límite

 

Hoja negra

HOJA NEGRA

 

 

Hoja Negra
Una piedra que esta fría se posa en el borde de un boceto. Esta fría pero emana calor, opera en silencio sin que nadie la vea, lenta, sigilosa y precisa. Tiene bordes que en penumbras no son claros, no importa, la forma se impone.
Una libreta contiene un organismo que se desarma en el espacio.
Un bloc de hojas blancas exhibe rituales en ángulo recto, son  bocetos detrás de una idea que muta en el acto de andar.
Una hoja negra se extiende en el plano sutil, se expande, se arrastra, se despliega como opuesto y vibra en su esencia de linde.
Un cuadro que somete su propia fuerza recorre la caja, le queda chica pero entra, recorta y entre sombras invade, se abre, trepa y se afirma en el plano que lo sostiene.
Hipótesis que repta y deviene objeto se para y toma cuerpo, respira y emerge entre días de asfixia.
Líneas que un día fueron techo se borran en formas blandas.
La idea de un pleno que fue, hoy es partícula.
Nébula difusa.
Se expande.
 
María Alejandra Gatti y María Waissman.

Fortuito

ESPACIO FORTUITO

Espacio Fortuito

En la serie Espacio Fortuito de Andrés de Rose nos atrapan los blancos desafiantes y los negros profundos de un artista afirmado en estos enigmas.  En rectas que se superponen a otras quebrando espacios sustancialmente sugerentes, decididamente poblados por esa firme construcción que nos propone una mirada en el terreno, sin accidentes pero con la concepción intrínseca de un no lugar o en todo caso de un espacio posible, especie de refugio temporal. Apenas grises más claros o más oscuros intervienen zonas, en cada obra la composición equilibrada es exactitud y va sometiendo al resto que acomoda sus aristas en el universo de la abstracción absoluta. Es un cuerpo de obra que va abriendo nuevas posibilidades, que impresiona por su solidez pero más por su aporte, en un campo peligroso y difícil, porque hay que luchar si se quiere, con los antecedentes de estas corrientes, y Andrés sale airoso y sorprende. Es una imagen distinta, es otra propuesta, es esencialmente pura.

Exibiciones
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ANDRÉS DE ROSE

EXHIBICIONES

 

20.2.20 - 26.3.20

Nostalgia de un bosque. Andrés De Rose

Curador: Andrés Waissman

Texto: David Nahon

La división entre naturaleza y cultura es uno de los temas que pasó a discusión pública desde el siglo XVII, en la presunción de que los seres humanos somos una especie aparte de las demás que habitan el planeta. Esta hipótesis, que la antropología nombra naturalismo, se sostiene en las capacidades subjetivas y reflexivas de los seres humanos, en poseer un mundo interior a diferencia de plantas y animales. Esa intimidad, ese compuesto heterogéneo de ideas, costumbres y creencias recibe a veces el nombre de cultura y otras de civilización. Busca establecer las coordenadas donde actúa el ser humano, en una libertad determinada por el inconsciente, la genética y el medio ambiente pero no responde la pregunta ¿Qué es lo que nos hace seres humanos?

 

La pintura es la práctica filosófica donde Andrés De Rose revela esa misma inquietud por el sinsentido de la cultura, la desesperanza de la vida en ciudad. Para él, pintar es modelarse una arquitectura nueva dentro del esquema de una ciudad que le resulta hostil pero a la cual no renuncia. La elige para trabajar, opta por estar presente donde su problemática lo convoca. En lugar de alejarse, se acerca como un entomólogo a las cosas e inventa a partir de ese contacto donde un insecto es un animal pequeño y al mismo tiempo una tecnología muy compleja. Andrés advierte que la ciudad no convive con la naturaleza, se entiende solo consigo misma y la expulsa. En su obra, la matemática de las líneas rectas presenta ese efecto de aislamiento, mientras que los plenos negros aumentan la percepción de soledad. La geometría es su recurso para corregir el desdoblamiento que distingue entre civilización y barbarie, división que ubica a la naturaleza como antónimo de cultura. ¿Puede una obra de arte salvar al mundo? No, pero puede traerle alivio del mundo al que la realiza.

 

Cuando Andrés pinta, goza y padece. Su creación encuentra fuente en un vacío de saber y esa falta puede ser angustiosa, pero él pone a trabajar ese malestar en su obra. Para Andrés está la pintura como objeto, la cosa que llamamos obra de arte pero antes hay un procedimiento. Emprende la pintura y la abandona a veces durante años buscando que se cargue de minerales, de humedad, de sus propios estados a partir de coexistir en el mismo ambiente que sus pinturas. Su método dispone la materia pictórica para que se hagan paso hacia ella otros elementos de la naturaleza, siempre latentes, a la espera de que el hombre retroceda, se aparte o se extinga. Allí recién retoma la tarea sobre la superficie del lienzo, buscando transformar esa energía en una pieza de arte inspirado en las propiedades de la piedra de obsidiana, cualidades que conoce a partir del tránsito por su propio cuerpo. La obsidiana no es una piedra, es un cristal. Como los demás cristales lleva inscripta la formación del mundo. Estos cristales son la reliquia del planeta antes de la cultura y Andrés De Rose encuentra en la piedra de obsidiana una fórmula para pensar la pintura desde la historia pero saliéndose de ella.

 

La tarde que Laszlo Toth emprende a martillazos contra La Piedad de Miguel Ángel pasa desapercibido un dato sustancial, Toth es geólogo. Y la tarea de un geólogo es, entre otras, el estudio de las piedras. En el momento que Toth rompe la escultura, atraviesa la piedra que porta un conocimiento. Da un paso hacia el deseo de saber. Va del apoderamiento a la incorporación mediante el golpe, como los niños que rompen los juguetes para saber de qué están hechos.

 

Pero Toth no es el primero en atentar contra La Piedad, el mismo Miguel Ángel destrozó una versión anterior rompiendo las piernas de Jesucristo, buscando una verdad en su piedra. Laszlo Toth pasa al acto para traer alivio a su delirio de ser hostigado por Dios. Miguel Ángel, en cambio, rompe la piedra para hacerla fallar. Para darle vida mediante esa falta. Aplicando ese principio, Andrés explora la piedra de obsidiana como un mapa, reponiendo las coordenadas de su propia experiencia espiritual, buscando un lugar por fuera del vínculo de explotación que establece la ciudad con la naturaleza. De Rose pinta una humanidad omnívora descargando su ferocidad sobre el mundo natural, del mismo modo que el capitalismo devora todo lo que rivaliza. Hay una idea de progreso que se alimenta de violencia. Como la cosa en la película El enigma de otro mundo, la civilización es la forma extraterrestre que cuando le disparan, crece.

 

Tiempo atrás la NASA divulgó imágenes satelitales del norte de Kazajistán, revelando figuras geométricas en la piedra construidas por civilizaciones antiguas que sólo se distinguen desde el aire y tienen 8.000 años de antigüedad. Después de tantos años de frustración en comunicarnos con el espacio exterior, puede ser un buen momento para empezar a practicar el diálogo en personas más próximas a nosotros.

Bio andres
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ANDRÉS DE ROSE

BIO

 

Andres De Rose

Andres De Rose (Buenos Aires, Argentina,1989)


Andrés de Rose piensa su pintura como una práctica filosófica. A través de ella se cuestiona por el sinsentido de la cultura, por la desesperanza de la vida en la ciudad. La disputa entre naturaleza y civilización se despliega en su trabajo.  Según David Nahón, “en su obra la matemática de las líneas rectas presenta ese efecto de aislamiento, mientras que los plenos negros aumentan la percepción de soledad”. Del mismo modo, Andrés se acerca a la naturaleza en sus más mínimas expresiones como un insecto, un animal pequeño pero al mismo tiempo una tecnología muy compleja. Aquí se manifiesta su ideología: en la belleza de esos seres imprecisos reside una promesa y la creencia de que en lo más pequeño se encuentra lo más importante.

Se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, desde los 24 años y durante una década estudió con Andrés Waissman donde desarrolló su intuición y sensibilidad artística. En el 2012 participó en la residencia And so on, and so forth gestionada por Curatoria Forense en Valparaiso, Chile. También, durante el 2013, fue parte del programa anual para artistas Proyecto PAC de la galería Gachi Prieto. Asimismo, en el 2018 cursó el seminario Nada es Personal, improvisación y clínica de obra por Tomás Espina y Juan Manuel Walcoff. Al año siguiente fue seleccionado en la residencia NO Residencia EN Tránsito San Martín de los Andes coordinada por Cristina Barres, Lucas Cánepa y Josefina Zuain.

Presentó su trabajó en numerosas exhibiciones individuales como Nostalgia de un bosque (Galería Gachi Prieto, Bs. As., Arg., 2020),  Latido (Jolie Bistro, Bs. As., Arg., 2019), Hoja Negra (Galería Gachi Prieto, Bs. As., Arg., 2016), Redención (El Balcón, Bs. As., Arg., 2014), Fractales (Galería Crimson, Bs. As., Arg.,  2007) y Espacio Fortuito (Galería Gachi Prieto, Bs. As., Arg.,  2010).

Del mismo modo, participó de las muestras colectivas: Pura Obsesión (Galería Praxis, Bs. As., Arg., 2017), Chamanes, (Galería Quadro, Bs. As., Arg., 2016), La Tinta Estallada, (Gachi Prieto, Bs. As., Arg.,  2012) y Paisajes Imaginarios (organizada por la Universidad del Salvador en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Bs. As., Arg., 2007).

Vive y trabaja en Buenos Aires.
 

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