Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina
Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina


DANIEL
GARCÍA
DAMAS DE SHANGHÁI
Enseguida averigüé que esos retratos, que me habían “shanghaizado”, provenían de unos particulares almanaques llamados yuefenpai (月份牌), literalmente afiche calendario, en chino. Hoy objeto de búsqueda de numerosos coleccionistas y reproducidos ad infinitum en tarjetas postales y posters, estos almanaques publicitarios se produjeron en Shanghái y tuvieron su apogeo en las décadas de 1920 y 1930. En sus brillantes cromolitografías, ilustradas por artistas varones, encontramos glamorosas representaciones de la mujer moderna china que, como la mujer fatal del film noir, a la vez que es objeto de la mirada masculina a la cual se ofrece, desafía –a su manera y por su misma visibilización– el orden patriarcal. Mujer moderna que es tema de discusión en la sociedad del momento, particularmente en la shanghainesa y cuyos ecos, los de esta discusión, resuenan actualmente en nuestra sociedad.
En la convulsionada China de los años veinte, la Nueva Mujer, en chino Xīn nǚxìng (新女性), se convirtió en el estandarte de todos aquellos que buscaban un cambio en la sociedad. La lucha por un cambio de paradigma cultural que asignara un nuevo rol a la mujer (en un país que salía de un sistema feudal patriarcal en el que la mujer casi no tenía voz, ni visibilidad excepto como cortesana) se transformó en un tema central para diversos intereses, locales y extranjeros, desde la política hasta la publicidad. También en el cine, cuya industria se hallaba instalada en Shanghái. Durante su edad de oro, los años treinta, muchas de las películas, sobre todo las de ideología izquierdista tenían por tema la “Nueva mujer” y su potencial subversivo para una tradición patriarcal. En muchos casos los roles, sobre todo en su destino trágico, tenían semejanzas con las futuras femmes fatales del film noir. Los directores, hombres, se ocupaban de señalar cuál era el camino correcto para la modernización de la mujer. Un personaje masculino lo aclara en un film: "¡Sólo aquellas que sean más autosuficientes, más racionales, más valientes y más conscientes del bienestar público pueden ser las mujeres verdaderamente modernas!"



ACRÓBATAS
El ‘freak’ como pretexto.
Mientras ellos cantan y tararean, algunos en media lengua, todos se mueven con contorsiones espásticas, “¡te aceptamos, eres una de las nuestras, gooba-gobble, gooba-gobble!”, un pequeñín recorre la tabla de la mesa y les da de beber de una copa enorme, haciendo las veces de una comunión profana. La mujer barbuda, las siamesas, el payaso, Hércules, la hermafrodita, la sin brazos, el sin piernas están contentos y celebrando la unión de Hans, el enano, con Cleopatra, la trapecista. Todos ríen menos Frieda, la liliputiense que parece una muñeca y está enamorada de Hans. La escena de borrachera, bacanal de bocas abiertas y babeantes, se corta al grito de “¡freaks!” que descarga la trapecista “normal” sobre todos ellos, al tiempo que se lo dice a ella misma, sin saberlo todavía.
De esa manera, con ese aullido se sella no sólo la extraordinaria película que Tod Browing filmó en 1932, sino la utilización de esa palabra. Todo va a ser muy diferente, en términos de imaginación y semántica, después de Freaks. Quien sí conoce esto es Daniel García, y con ese telón de fondo, con ese film y con los afiches que anunciaban estas atracciones, los Freak Shows en ferias y circos de Estados Unidos, se pone a pintar a sus acróbatas. Pinta esas imágenes de poses complicadas, de cuerpos plegados y en posturas deformes en los límites de la tela. Allí los hace caber para dar comienzo a las rutinas de cada uno de ellos. Restringe el lugar a lo mínimo, en los pequeños cuadros; lo lleva a su máxima expresión, en los grandes formatos. En todo caso, transforma el reducto contenido en esos bastidores en una arena de experimentación. Además de los acróbatas están los lobos. La exposición lleva los dos nombres: Acróbatas y lobos. Colgados juntos, en la galería Isabel Anchorena, los animales se humanizan. Su posición bípeda, en la mayoría de los casos, conjuga ese esfuerzo por la pirueta con la imitación de la postura por excelencia del hombre. La acrobacia de los lobos es volverse un poco humanos. La de los homínidos es volverse un poco monstruos, un tanto animales. En ese intersticio, en la escena de pasaje, está la magia de la muestra. El primer truco, entonces, es que combina los dos mundos de modo tal que borra los límites de cada uno. No sólo en las torsiones de miembros y troncos de las figuras García confirma que sabe cómo descomponer el cuerpo humano, volverlo elástico y doblarlo hasta dejarlo listo para meter en un bolsillo, sino que en esa deriva formal, ir de lo aprendido en la figuración hasta las metamorfosis de nuevas geometrías hay un recorrido sentimental.
La forma humana, tan presente en sus pinturas, nos atrae con una empatía singular. Los colores de los trajes, esos amarillos, verdes y azules apagados, funcionan como una teoría emocional del color. Los fondos se raspan y desgastan no sólo para dar cuenta del paso del tiempo. También para dotarlos de cierta añoranza, de un cariño singular por esos objetos rescatados del tiempo y la memoria. Son cuadros para amar como lo hacemos con algunas personas y animales. Algo extraño sucede con las piernas que nos envuelven en abrazos, giros que nos acarician, brazos que nos atraen para deslizarse por nuestros ojos y cerrarlos para llevarnos lejos. A un mundo de aceptaciones, de equilibrio y buena convivencia. Donde seamos aceptados en nuestras diferencias y se cumpla, como en la película antes mencionada, que si herimos a uno lo estamos haciendo con todos. Porque si eso ocurre, ya sabemos que la venganza de los freaks es certera y despiadada.
Texto por: Laura Isola

FLOREROS
Las flores en los jardines, en los vasos o jarrones sobre la mesa, o en ilustraciones o la literatura, en los cuadros, o la poesía, nombradas o como objeto o tema, o cifra de la perfección o la belleza, están sin más, como una certeza. Casi nadie en el arte y en la vida ha podido sustraerse a esa convicción, esa potencia.
Son ellas expresión de una decisión de la naturaleza, un ejemplo prodigioso, según Maeterlinck, de insumisión, valor, perseverancia e ingeniosidad. Todas dotadas de sabiduría, en ellas “se concentra el esfuerzo de la vida vegetal hacia la luz y hacia el espíritu”, aplicadas al cumplimiento de su obra: la de ser en el mundo y poblar el espacio.
Las flores redundan en la imaginería del paraíso o en escenas con paisajes bucólicos, habitan el jardín botánico, el de cualquier casa o los balcones, o se detallan obsesivamente en los herbarios.
Se entregan en ofrenda al amor, la amistad, las mudanzas, los muertos, agrupadas en ramos, arreglos, guirnaldas, coronas, o en su singularidad. También integran variados catálogos de bálsamos curativos y componen la colección nutrida del perfumista.
Las flores, dice Barthes, son el “ser mismo del lujo (…): están más acá y más allá del fruto útil”. Son un excedente, se escapan del orden de lo fecundo, no suponen la productividad como destino, sino son entrega y homenaje del gasto puro.
Hay una tradición japonesa llamada Hanami, que literalmente significa ver flores. Durante la época en que florecen los cerezos –coincidente con la de la plantación del arroz–, casi como un ritual, la gente va a los parques y jardines a observar las flores, a celebrar su explosión.
En este otoño, cuando las hojas comienzan a amarillear, Daniel García nos dice con “Algunas flores” que no todas han caído, ni todas aún han sido pintadas.
Texto por: Gilda Di Crosta




DANIEL GARCÍA
EXHIBICIONES
4.5.19 - 15.6.19
Este relato no trata puntualmente sobre mis pinturas, sino sobre las imágenes que las motivaron, de aquello que fui indagando mientras pintaba mis cuadros. Lo que me atrajo de esos yuefenpai, aún antes de conocer su historia, fue su colorido y su exotismo kitsch. Su ambigua oscilación entre bellas imágenes tangibles y a la vez claramente ilusorias. Su carácter híbrido, de montaje, incluso en los cuerpos y, porque no, los “errores” en las proporciones o en las perspectivas.
Los primeros yuefenpai que vi fueron la puerta de entrada a todo un mundo de imágenes y de historias, en el que me fui sumergiendo y con el que fui reaccionando con mis propias pinturas. Historias que exceden este texto, como la introducción de la litografía en China, las obras de las pintoras modernas chinas en estilo occidental o el destino de muchas damas de Shanghái como mujeres de confort del ejército japonés.
Damas de Shanghái, esta reunión de grandes pinturas, de retratos dibujados y de pinturas de jarrones y urnas funerarias, tiene la intención de ser un homenaje a los artistas que me influenciaron y, por sobre todo, a las mujeres. A las de Shanghái de entonces y a las actuales.
Texto por: Daniel García

DANIEL GARCÍA
BIO
Las pinturas de Daniel García navegan por la heterogeneidad de imágenes y estilos. Toda su producción se sitúa en un tiempo anacrónico que invita al espectador a repensar nuestro tiempo. En palabras de la curadora Lara Marmor, las obras de García “están atravesadas por el pasado porque a modo de homenaje o robo, los trabajos nacen de citas y referencias a otros pintores”. En sus obras también se manifiesta el tiempo del proceso de la pintura, señales de la exploración que realiza García sobre el lenguaje pictórico. En la imagen final el espectador se encuentra con marcas en la superficie de la tela: el rasqueteado, el pintado y el despintado se tornan indicios de la historia que porta cada imagen.
Daniel García expone desde 1981 en museos y espacios de arte en Argentina y en el exterior. Su obra ha sido seleccionada para participar en la 47º Bienal de Venecia (1997), VI Bienal de La Habana (Cuba, 1997), 1º y 2º Bienal del Mercosur (Porto Alegre, Brasil, 1997 y 1999) y De Ponta-Cabeça, I Bienal de Fortaleza (Brasil, 2002).
Entre sus últimas muestras individuales se destacan: Identidades (Galería EstudioG, Rosario, 2020), Damas de Shanghái (Galería Gachi Prieto, Buenos Aires, Argentina, 2019), Pequeñas pinturas de Flores (Galería Mar Dulce, Buenos Aires, 2019), Acróbatas y Lobos (Galería Isabel Anchorena, Buenos Aires, Argentina, 2016), Pequeñas Criaturas (Galería Mar Dulce, Buenos Aires, Argentina, 2015), Casi Boyitas (Galería Mar Dulce, Buenos Aires, Argentina, 2013), Nachleben (Centro Cultural Haroldo Conti, Buenos Aires, Argentina, 2012), Elogio de la obsolescencia (Museo de Arte Contemporáneo, Salta, Argentina, 2012) y Retrovisor (Museo Emilio Caraffa, Córdoba, Argentina, 2010).
En cuanto a premios y concursos ha sido seleccionado en el Premio en Obras Bidimensionales, Sección Pintura, Concurso de Artes Visuales 2018 (Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, Argentina); recibió el Diploma al Mérito por Fundación Konex (Buenos Aires, Argentina, 2002); el Tercer Premio Salón Nacional de Rosario, (Museo Juan B. Castagnino, Rosario, Santa Fe, Argentina, 2001) y el Segundo Premio adquisición, Premios Colección Costantini (Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina, 1997), entre otros.
Algunas de sus obras integran diversas colecciones públicas: Museo Castagnino+macro (Rosario, Santa Fe, Argentina); Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires, Argentina); MALBA (Buenos Aires, Argentina); Museo de Arte Latinoamericano - Colección Constantini (Buenos Aires, Argentina); Museo Emilio Caraffa (Córdoba, Argentina); Museo Dr. Jun Ramón Vidal (Corrientes, Argentina); Museo de Arte Contemporáneo (Salta, Argentina); Museo de Arte Contemporáneo (Salta, Argentina); Museo de Arte Contemporáneo (Bahía Blanca, Prov. Bs.As, Argentina); Fondo Nacional de las Artes (Buenos Aires, Argentina); Hess Art Collection (Colomé, Salta, Argentina) y Napa Valley (Estados Unidos).


