Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina
Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina

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SEBASTIÁN
CAMACHO
ARQUITECTURA DEL SILENCIO
Nueve preguntas ingenuas
1- ¿Tal vez es la relación con el material? ¿Una ebanistería en cartón? En su taller de Buenos Aires las virutas de cartón se acumulaban entre sus pies. Una imagen íntima de la mímica de un trabajo. ¿O un trabajo que imita otro trabajo? Los ebanistas convierten la madera en rulos blandos, pero eso es sólo lo que queda, el descarte, lo que permite a la forma aparecer. ¿Qué es lo que hace aparecer a la forma? ¿Cuál es el origen de estas formas?
2- Hay una estrategia, un dispositivo creado para que intuyamos las espaldas de las obras. Un reflejo de color, una sombra proyectada que tiñe la pared a propósito. Para que sepamos, para que nos demos cuenta de una vez que las obras tienen espaldas. Pero ¿por qué? ¿Siempre las nucas?
3- Ninguno de los colores de los grandes vitrales permanece, todos son engullidos por la penumbra reinante de la catedral. En la muestra de Sebastián Camacho intuimos aunque no sabemos. ¿Eso nos tranquiliza?
4- Son puertas. Eso está claro. ¿Puertas de confesionarios? No hay un solo símbolo reconocible, pero sin embargo no hay dudas. Aunque hay algo levemente desfasado. ¿Por qué esa escala? Apenas reducida. Como si alguien la hubiera cambiado con el propósito de que no podamos sacarnos de la cabeza ese dato. Porque no es lo suficientemente alterada como para que sea de “otro mundo”. Es de “este mundo”. ¿Será un error?
5- Me pregunto cómo será el intercambio entre estas obras y sus espectadores. ¿En qué términos se dará esa transacción? Es evidente que se filtran rayos de un sol de iglesia por las rendijas de estas puertas. Aunque nunca se nos forme una imagen nítida, hay algo que flota en el aire, como partículas de polvo. Pero ¿qué pasa con lo que no dicen las obras? ¿Qué escucharán sus espectadores? Hay algo de espejo en estas obras. Son espejos opacos. Nos enfrentan con nosotros mismos. ¿Será como el impacto que deben tener las palabras dichas contra las paredes interiores de un confesionario? Nunca entré en un confesionario. ¿Por qué entraría?
6- ¿Una necesidad de alterar los tiempos cotidianos? ¿Una necesidad de suspender la aritmética del tiempo? ¿Una necesidad de reconciliación? ¿Perdonar(se)?
7- ¿Qué tan sofisticada puede ser la felicidad? Es un sentimiento básico. Y sin embargo… ¿Hay una historia? ¿Hay un misterio? No hay historia. El cuento nos daría una tranquilidad innecesaria. Sin embargo, las obras de Sebastián Camacho evitan (y no pueden evitar) la literatura.
8- Hay regiones en blanco en estos mapas. Y es deliberado. ¿Qué pasa cuando la obra se calla? Cuando nos deja lugar para que escuchemos nuestras propias ideas, nuestros propios sentimientos: dudas, contradicciones y culpas. Todo mezclado. ¿Es un juego?
9- Evito la palabra “representación”. Es peligrosa y no aplica al aire de estas obras. Es como una bailarina de movimientos filosos, cortantes. Las construcciones silenciosas de Sebastián Camacho fluyen blandas, apenas sumergidas en la corriente del río hacia el mar. En la aparente contradicción del material con la forma radica el movimiento de esta muestra. ¿Formas sagradas, materia profana?
Texto por: Andrés Pasinovich



SIMULACRO PARA COMENZAR UN RECUERDO
Los signos de puntuación cambian todo. Son el sentido, la estructura y pueden ser el absurdo también. Te estoy hablando de la pintura. No se puede salir de la pintura. Me gusta que la música sucede. Empieza y termina. ¿Cuál es el tiempo de esta muestra? ¿Y el del texto? El aceite en el cartón parece una mancha pasajera. ¿La imagen se va a borrar si dejamos de mirarla?
A la arquitectura, como a la fisiología, le encanta ocultar. ¿Serán los pulmones de los edificios? Aparatos feos que hay que ocultar pero que son los que respiran. De todas formas, no hay ningún paisaje acá. Las espaldas, las nucas de los edificios. Es una belleza sórdida y asardinada. Como una trompeta vieja.
Se encuentran tres personajes con el mismo nombre: Jaime. Quiero que se vea todo. No hay misterio en lo que hago. Claro que hay un misterio. Sobre todo un ¿por qué? Y más aún ¿para qué? Todo es inestable. Cajas. Pliegues. Incisiones. La indiferencia del texto frente a las imágenes es elegante. ¿Cómo vive el texto en la sala? Ese sí es un problema, porque las palabras no encuentran un lugar.
Lo que importa es cómo el aceite se mete en los poros del cartón. Hay algo de espantoso, de monstruoso. Se puede sentir cómo el aceite penetra. Sin que se le pueda oponer resistencia. La piel áspera del cartón no tiene defensa. Las moléculas del aceite sólo se atraen entre sí. No les importa nada ni nadie más. Se puede intuir una dimensión espacial que se abre. No hay truco de magia en esto. Es un encuentro.
Me gusta la palabra coartada para hablar de la obra. Un poco criminal, pero también detectivesca. Como si uno pudiera descubrir qué es lo que hizo. El paisaje es un tema conflictivo. Quisiera encontrarme con las imágenes en lugar de tener que construirlas yo. Igual todas las imágenes son encontradas, aunque las construyas. Las referencias te arruinan. Sí, pero los signos de puntuación pueden cambiarlo todo.
Nada sucede a la vez, pero todo se junta en nuestra memoria y nos hace pensar que hay simultaneidad. En realidad es un juego de espejos. Puestos por una entidad distraída y traviesa para hacernos caer. La trampa es hacernos creer que conocemos algo. Cuando me sorprenden estas intuiciones veo el mundo más real, táctil.
Texto por: Andrés Pasinovich
(Entrevista con Sebastian Camacho, "Conversaciones con una trompeta")



VIVIR SOLOS, JUNTOS
Dispongámonos frente a la soledad de un sujeto. En esta ocasión alguno que no tiene ni rostro ni tronco, pero presenta una corporalidad fragmentada, casi genérica, y se encuentra sentada sobre un sillón de estampado victoriano exuberante, mientras de fondo nos encontramos con una ventana abierta donde se construye un espacio, que nos acorta esa habitación o nos invita a fugarnos al infinito.
¿Habla entonces la pintura de un límite?, ¿cuál en particular?, ¿de aquel que se dispone para ser retratado y que, como un gesto cultural, le plantea una afrenta directa a la muerte, y así permanecer en el mundo de la mortalidad aletargada que brindan las imágenes?, o tal vez sea esta la ocasión que tenemos para poder encarnar, en ese único cuerpo que vemos, los recuerdos de otros cuerpos que hemos habitado, quizás solamente con la mirada, para así poseerlos de alguna manera indiscreta.
Es seguro que lo que tenemos aquí delante de nosotros es una expresión de cuerpos en extrema fragilidad. El simple hecho de situarse frente a nosotros para dejarse ver, exponiendo de alguna manera diferentes capas de una piel (natural o industrial) que reviste, recubre y recompone la forma que nos es reconocible, y que a fin de cuentas es aquello que nos brinda en parte ese rasgo de identidad. Es lo que parece palpitar en un grito primitivo del querer ser tocados y tocar, de exponerse para sentir, de abrirse completamente para dar y recibir, tanto del embriagante satinado como de lo angularmente afilado; pulsiones naturales de un cuerpo que posiblemente ha sido domesticado.
La obra de Sebastián Camacho (Bogotá, 1982) nos invita en esta oportunidad a detenernos y construir una mirada pausada. Desde elementos y enunciaciones aparentemente sencillas, sus obras se nos presentan en una tensión discursiva y clara del binomio espacial lleno-vacío, donde gracias a objetos sencillos y cotidianos, y a las disposiciones de los cuerpos humanos -en angustiante calma- sobre fondos monocromáticos, comenzamos a tejer las posibles relaciones que en ellos pudiesen existir.
¿Qué de particular tienen los elementos que encontramos en relación con los sujetos?, ¿acaso ellos develan la capacidad que tienen en sí mismos para cuidar o contener el desborde de lo cotidiano? o ¿no serán demasiado frágiles para concederles dicha responsabilidad y confiar en que cumplirán plenamente su tarea?
Texto por: Jaime Gamboa



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SEBASTIÁN
CAMACHO
EXHIBICIONES
22.6.17 - 30.7.17
Incidencias I - IX. Sebastián Camacho
En Incidencias I-IX, Sebastián Camacho Ramírez presenta nueve de sus obras más recientes. Esta agrupación de dibujos, pinturas y calados forma un coro polifónico en un dispositivo escénico espacial que las hermana.
Soportan las obras un repertorio de atriles dispuestos en la sala de modo circular. La escena nos permite recorrerlas, girar alrededor de ellas. Cada pieza nos invita a acercarnos, a inclinarnos sobre ella para poder ver en detalle la trama compleja que la compone. A Camacho le interesa condicionar el comportamiento de los visitantes frente a sus obras: diseña la puesta en escena y el despliegue que tendrán sus obras en el espacio. Aquí nos propone ralentizar nuestro andar, nos obliga a detenernos, crea un clima propenso a la contemplación. Nos incita a escudriñar cada trazo, cada corte. Aquí el tiempo es otro.
Dejando pistas y rastros para que los espectadores puedan ir hilvanando sentidos y conectando ideas, nos lleva a pensar en la complejidad de las pequeñas cosas que nos rodean: una pluma, una paloma, el tejido urbano, el mar. Pero también nos invita a reflexionar sobre la práctica artística en sí misma. La paleta, la libreta de apuntes nos acerca al acto creativo, al ejercicio de pintar. Con estas obras se devela frente a nuestros ojos el momento solitario de la creación, el espacio de taller, el mundo íntimo del artista.
Camacho se pregunta por el sentido de su oficio en un mundo plagado de imágenes. La delicadeza y minuciosidad de sus obras nos hace pensar en esta pregunta existencial, también en la fragilidad misma de la vida y en las derivas y desvíos que pueden acontecer en ella. Retomando el título de la exhibición, una incidencia es un acontecimiento o suceso que ocurre (de una manera un tanto azarosa) durante el desarrollo de un proceso y que tiene relación e influencia sobre éste. En palabras del propio artista “Me interesa detenerme en la estructura momentánea de los accidentes que uso como referencia: me permiten integrar en metodologías claras, o procedimientos concretos, la incertidumbre del resultado final y la aceptación de las contingencias”.
Curaduría y texto: Luciana García Belbey
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SEBASTIÁN CAMACHO
BIO
Sebastián Camacho trabaja con óleo, acuarela, calado sobre papel y grafito. La diversidad de medios le permite indagar la relación entre las imágenes con el soporte que las contiene. Uno de sus principales intereses son las instancias en las que acontece un hecho artístico. Desde el momento de la producción hasta el de la recepción, Camacho encuentra allí situaciones narrables y describibles pero difícilmente predecibles. Por dicho motivo, elige trabajar con imágenes legibles pero no portadoras de grandes relatos. Imágenes cuyos significados dejen el espacio suficiente para preguntarnos qué es lo que estamos viendo.
Sebastián estudió Artes Plásticas en la Universidad de los Andes de Bogotá,y realizó una Especialización en Medios y Tecnologías para la Producción Pictórica en la Universidad Nacional de las Artes en Buenos Aires. En el 2013 fue seleccionado para participar del Programa anual para artistas Proyecto PAC de la Galería Gachi Prieto.
Presentó su trabajo en diversas muestras nacionales e internacionales entre las que se destacan Incidencias I-IX (Galería Gachi Prieto, Buenos Aires, Argentina, 2017); C A P A S (Galería El Museo, Bogotá, Colombia, 2016); Los embajadores (AMA - ArteMercadoArte, Buenos Aires, Argentina, 2013) y Melgart, Arte de paseo (Museo de Arte Moderno, Bogotá, Colombia, 2013). Participo además en BIENALSUR 2017, integrando el Proyecto TURN coordinado por el artista japonés Katsuhiko Hibino.
En la actualidad se desempeña como docente universitario y ha integrado distintos departamentos de educación en museos e instituciones de arte.
Vive y trabaja en Buenos Aires.


