Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina
Viviana Zargón
b. 1958 in Buenos Aires, Argentina


ANDRÉS WAISSMAN
BLANCO Y NEGRO
Frente a una nueva muestra, la primera pregunta es por el itinerario: cómo se llega a esta obra. En Andrés Waissman, el antecedente está a la vista. Su serie anterior, Viruta, ya gestaba esta pintura: una materialidad tridimensional que tensionaba la utopía del progreso hasta evidenciar su falla, sensible al tiempo, al óxido, al descarte. Antes, Multitudes señalaba la dispersión del hombre errante. La palabra que une a ambas es densidad —dispersa en una, bajo presión en la otra—, coexistencia de un número indefinido de centros de acción.
Desde esa mirada del borde argentino hacia lo global surge FONDO DE OJO: belleza convulsa, volcánica, que reverbera en blanco y negro. Absolutamente contemporáneo, este trabajo es menos escena y más acto. Waissman, como Tiresias, es vidente y ciego: ciega sus ojos a lo obvio y, en ese repliegue, pinta otra mirada, menos esclava de la luz pública. Cada tela es la contracción de una pupila dilatada, potencia de un mundo. De las sombras emergen animales mitológicos, como de la caverna platónica, y nos hacen saber algo de nosotros mismos.
Hay también una ética: si sus cuadros de los ochenta nombraban lo innombrable del genocidio, y sus multitudes interrogaban el destino de los excluidos, esas palabras no quedan fuera del silencio de esta obra. El inconsciente óptico permite ver lo invisible. Waissman sabe que sólo hay sociedad si las llagas de la historia se dejan pintar —simples, potentes, bellísimas, como pliegues de porvenir— para hacer pensable la apertura de "otros mundos posibles"



MULTITUDES
Las pinturas de Waissman encarnan un discurso agónico, una narrativa de conflictos y contiendas que son al mismo tiempo relatos de esfuerzo y compromiso. A través de aquél, el autor asume una perspectiva concreta en relación al mundo que retrata; sus pinturas no son meras crónicas de acontecimientos ficticios, sino un verdadero posicionamiento frente al mundo contemporáneo expresado en el lenguaje de las imágenes plásticas.
En una conocida entrevista, Claude Lévy-Strauss señaló cómo el impresionismo fue testigo de un universo que desaparecía, la expresión de una vida sepultada en el crecimiento de las ciudades y en la violenta transformación de la experiencia urbana. El posicionamiento de Waissman es, quizás, el opuesto. Antes que un universo en desaparición, Waissman plasma un mundo que aparece, situaciones cada vez más presentes e ineludibles que exigen la reflexión y la mirada. Su pintura no es complaciente ni evasiva; es, por el contrario, urgente.
Es altamente significativo que el artista haya comenzado a trabajar con las multitudes muy poco tiempo antes que el concepto de multitud sea uno de los más vitales y ricos en la teoría política contemporánea. En contraposición a la idea de masa, que describe a un conjunto de seres indiferenciados caracterizados por su generalidad y anonimato, el concepto de multitud se refiere a un grupo humano en el que se mantienen las diferencias y particularidades de los miembros que lo componen. La multitud no niega al individuo; articula su capacidad de acción de una manera singular, propiciando la actividad conjunta a pesar de las diferencias individuales. El concepto ha adquirido una importancia capital en el pensamiento político actual porque permite pensar la posibilidad de una acción política y de transformaciones sociales radicales sin la exigencia de un sujeto político unificado que comparta una única ideología.
Esta perspectiva refuerza los argumentos contra la indiferencia y el anonimato en las multitudes de Waissman. Su permanente voluntad de movimiento y cambio les confiere un rol activo frente al entorno que las rodea. Es importante recalcar también que frente a los conflictos del mundo actual, Waissman ensaya una respuesta colectiva, comunitaria, recuperando una instancia política frecuentemente eludida en los discursos de la postmodernidad. En el mismo sentido podría comprenderse su evocación de la historia, la memoria, el relato literario o poético.
Texto por: Rodrigo Alonso
CARTOGRAFÍAS COLECTIVAS
En “La Lógica Cultural del Capitalismo Tardío”, Fredric Jameson plantea la necesidad de lo que él denomina “mapas cognitivos”, elementos capaces de ofrecer orientación en el paisaje violentamente reconfigurado de las ciudades postindustriales. Esos mapas no son simplemente un instrumento para ubicar un determinado sitio geográfico, sino fundamentalmente, una guía para situarse subjetivamente en la complejidad de la trama urbana actual. Se trata de un mapa propio, conformado por sitios reconocibles, lugares del recuerdo, espacios marcados por la experiencia personal. Cartografías que redimensionan los territorios en función de los sujetos que los ocupan, cartas que transforman no-lugares en lugares, compuestas por localidades impregnadas por el recuerdo y la memoria.
A través de estos procedimientos, el artista pone de manifiesto su interés por repensar las fronteras geográficas, cuestionar la supuesta estabilidad de las naciones, y dar visibilidad a las crisis y tensiones que las atraviesan. En las piezas mencionadas, como en la mayoría de la serie, son las multitudes las que marcan con su presencia el espacio donde se sitúan; son ellas las que transforman un paisaje por momentos anodino en un territorio cargado de significación. Waissman desafía la inercia de las representaciones cartográficas con una reflexión analítica y crítica que apunta hacia las realidades conflictivas que laten detrás de ellas.
VIRUTAS
Una filosa inserción al abismo de la comunidad
Filosa, brillante, resistente, entrelazada y hasta sensual, la viruta se convierte en un sin fin que emula mis multitudes o se convierte en una abstracción de intermitencias infinitas. Crea también un tumultuoso hormiguero y es la superficie de territorios amplios que a la vez sofocan, crean distancias, como en un paisaje de acero, profundo en sus relieves diferentes.
La viruta como material casi pictórico, encerrada en una caja, jugando en forma plana, aprisionada contra la trasparencia del vidrio, ahogándose y ahogando mientras juega con la magia de una visión geométrica, es la ruptura exacerbada que cuelga, que sostiene sus hilos iluminados por una luz que cumple el rol de crear el clima de una sociedad en absoluta migración. Una sociedad incandescente, un volumen que se abre de la caja, libre y ondulante conformando un retazo de realidad circundante.
Indaga la actualidad, enraizada en la historia vertiginosa que como una ficción, abraza la metáfora, a veces circular y otras líneas superpuestas como hileras desahuciadas pero desafiantes que marchan hacia una nada incluida en los límites de nuestro propio paisaje, que potencia la idea de un anclaje sorpresivo. Es el acero, que dibuja las cartografías y me somete a una búsqueda inquietante pero equilibrada.
No hay conflicto y se alimenta en el plano que suscribe a un formato cambiante, que induce hacia la apreciación de un juego renovador en los trabajos; la mirada, desde donde se potencia una genealogía, de indudable arbitrariedad, es a veces gestual en su tratamiento, o antropológico en su concepto. Es un material rescatado, no son desechos, recrea superficies. Porqué no preguntarse si de algún modo es la probabilidad de lo sospechado, aunque debamos someternos a la brutalidad de esa historia heredada que habita una expresión que nos penetra y nos conduce a nuestro museo imaginario, como diría, Andre Malraux.
Es la memoria y no el olvido, es la fotografía de los desplazamientos grupales.
Giran columnas pasadas y futuras, es el meta mensaje que manipula y construye una cosmovisión, es el escenario que en sus formas ordena relatos sobre nomadismos, exclusiones, xenofobias, es el entorno de ruinas y orillas, de tiempos dinámicos y definitivamente “son las aristas oscuras de la realidad contemporánea”, como dice Rodrigo Alonso en el texto del libro sobre mi obra,”WAISSMAN, un artista peregrino”.
La viruta irrumpe como material desacreditado, y continúa las imágenes que fueron pintadas; es su propuesta intelectual, es un discurso que juega en la contemporaneidad.
Es de absoluta justicia, en esta nueva etapa individual y en desarrollo, afirmar que estamos en presencia de un trabajo que desde cierta perspectiva, no deja de transitar la investigación de mi discurso; descreo de tiempos en donde el secreto es la certeza o el engaño, tampoco creo en las limitaciones, renuevo la actividad de internarme en mi yo, confesando místicamente en algunas ocasiones, la imperceptibilidad entre creación y enigma, entre fragmentos y alfabetos, lenguaje universal que lleva a la palabra y representa a la comunidad que compone Las Multitudes.
Se dispersan los habitantes de acero, se acerca la batalla, se retoma el origen. Esta es mi propuesta, ser un artista peregrino, como dice el crítico, en permanente tránsito, en el juego –un modo de ser, el modo de ser que hoy prevalece: pero, como todo modo de ser, es ambivalente, contiene en si peligro y salvación, equiescencia y conflicto, servilismo y libertad-, como define Paolo Virno en Gramática de la Multitud.
La misma ceguera nos atraviesa a través de los siglos.
No pretendo otra cosa que vivir la libertad de la creación, re-significar el valor del arte, finalmente ajeno a los discursos temporales, atado, a veces, a visiones anticipatorias, o a realidades arbitrarias. La humanidad está en mi pensamiento y en mi obra la zozobra, posiblemente en los hilos enredados como una madeja o en los fragmentos en los que vivimos sumergidos.
Somos nómades y esclavos de nuestras propia desesperación. Apenas soy uno de ellos.
Texto por: Andrés Waissman
ANIMALES MITOLÓGICOS
ACTO 2 - El viaje del héroe
Necesitan un cuerpo, presencia tridimensional. No solo ser una abstracción de la cabeza de Andrés. Cada dibujo/obra, una interpretación, una bajada de un algo que queda más allá de lo aprehensible.
Y así, la línea busca manera de escapar el papel y reclamar su lugar en el espacio como un igual al cuerpo del artista y de los espectadores. Ser uno más. Se alarga y se retrae buscando textura, buscando alto a la vez que ancho y profundidad. Se descontrola y encuentra en él un cuerpo esponjoso y metálico sin principio ni fin que no para de crecer hasta transformarse en una criatura con un solo objetivo en mente: llenar. Colmar el espacio donde está emplazado. Sea pequeño, mediano o grande. Casi como siguiendo los preceptos físicos del comportamiento de los gases, orden que ha dejado atrás los límites de ser objeto para ser uno con su contenedor.
La criatura crece, llena la sala blanca de la galería con vidriera en un momento de gloria y exhibicionismo. Allí está satisfecha por un tiempo, hasta que fuerzas externas decretan que es hora de que siga su camino. Ya cómoda en su piel, perdió su hambre voraz de la primera época. Ahora busca reposar sus restos marcados por el paso del tiempo. Es consciente centímetro a centímetro que el ganar cuerpo es obtener límites y que su presencia como otro es sí o sí esclava del tiempo. Tuvo un principio, tendrá un final. Sus grises brillantes y acerados ya casi un recuerdo, ahora priman los colores otoñales, naranjas y marrones. Óxido. Evolución natural e inevitable del material que le dio vida.
Fragmentos de Emboscada - Laura Ojeda Bär, 2018
BOSQUE QUEMADO
Retomé la serie de los trabajos en blanco y negro pero, esta vez, sobre papel. Juego con las tintas preparándome para iniciar nuevas obras sobre tela. Voy y vengo de las tintas y el agua, al esmalte y los diluyentes. El juego está en el contraste entre transparencias, brillos, opacidades y negros plenos; como en Fondo de Ojo. Esta vez trabajo las superficies con menos juegos, dejo que las medias tintas lleguen casi hasta el color del papel. Hay una intención de territorio y menos sugerencias de animales, aparecen referencias a bosques quemados. Este es uno de los períodos que más se prolonga en el tiempo porque no lo siento agotado. Se multiplican espacios que se convierten en terraplenes o baldíos, en orillas. Estos me están permitiendo llegar a una síntesis atmosférica a la que soy adicto. Ese viento mudo que la luz y las sombras proyectan. Como en el Renacimiento todo valor o tono replica en alguna parte de la obra. Los líquidos no son excesivos ni se desparraman porque sí. Restos de ramas invadiendo las zonas libres. Son ellas el eslabón encontrado en el relato y la frecuencia eléctrica que existe entre tierra y hombre y espacio ciego. Valoro sobre todo vivir en una época de encrucijadas terminales, en el risco demencial de la tecnología y de la vocación destructiva que anima a la sociedad contemporánea.

ANDRÉS WAISSMAN
EXHIBICIONES
3.11.16 - 6.1.17
Encapotado. Andrés Waissman
Curadora: Lara Marmor
Una masa hecha de cientos de kilos de hilos de metal se encuentra suspendida en el espacio: es el nubarrón de un cielo plomizo, la fumarada de una pila de basura quemada, un huracán de paredes compactas, la humareda de una chimenea industrial que se extiende sobre nuestras cabezas. Andrés Waissman toma el espacio para armar una construcción monumental. El artista presenta una versión radical de sus obras realizadas en viruta. A diferencia de los trabajos anteriores donde el material se despliega sobre un bastidor en posición frontal al espectador, está vez construye un enorme conglomerado en la parte superior de la sala.
Este trabajo podría pensarse como consecuencia de un replanteamiento de la pintura como espacio aislado del espectador. Esta reconfiguración de la experiencia estética asegura un acercamiento contundente a la realidad que el artista quiere compartir, porque la frondosa corporeidad de la obra
inevitablemente nos toca.
La expansión de las finas tiras de metal invita a experimentar de manera corpórea el caos, tiene la fuerza de intensificar la conciencia sobre el estar en el mundo, pero estar -en contacto con la aspereza y el frío del metal- de una manera dramática en medio de un estado de pre o post apocalipsis.
El uso de un material como la viruta, que no es más que puro residuo industrial, expresa la voluntad del artista por compartir su visión sobre determinadas circunstancias de la época. Es la expresión de la aridez y de la desposesión espiritual que a veces nos invade. La representación de una maraña, una
multitud que se mueve sin rumbo, una mancha que nubla las ideas ¿Expresa acaso el fracaso de la política?
Si muchas veces el arte funciona como refugio, esta obra no es precisamente un lugar de reparo. George Bataille en 1930 escribía “Uno de estos días, es cierto, el polvo, debido a que persiste, comenzará a triunfar sobre las sirvientas, invadiendo con inmensos escombros las construcciones abandonadas, los docks desiertos: en esa lejana época no subsistirá nada que salve de los terrores nocturnos, por cuya falta nos hemos transformado en tan buenos contadores...”
Mientras la masa gris y espesa se encuentra suspendida, el óxido se desprende y las partículas del polvo caen como si fueran cenizas o vestigios de una civilización que parece estar cayéndose a pedazos. Aunque claro... después del encapotamiento el cielo siempre se aclara.

ANDRÉS WAISSMAN
BIO
Andrés Waissman es considerado una figura emblemática del universo simbólico del arte contemporáneo latinoamericano. Sus pinturas utilizan la pura expresión en favor de la comunicación; no son meras crónicas ficticias, sino un posicionamiento real en el mundo contemporáneo. En lugar de un universo que desaparece, Waissman representa un mundo emergente, situaciones cada vez más inevitables que exigen reflexión y mirada consciente.
Algunas de sus series como Multitudes, Blanco & Negro, Animales mitológicos, Virutas y Albur, lo colocan como un artista con su propia impronta. Su obra constituye una búsqueda filosófica y política además de plástica: un verdadero pensamiento en imágenes. En esta línea de pensamiento conceptos como nomadismo y migración se vuelven centrales en su producción.
Andrés Waissman se formó en diversos talleres y comenzó a exponer muy tempranamente a mediados de los 70, realizando sus primeras muestras individuales en la Galería Lirolay en 1973 y 1977, respectivamente. En 1974 vivió en Barcelona y trabajó en el taller de Augusto Torres y en 1978 con Antonio Seguí en París. En 1984 se radicó en San Francisco, Estados Unidos y desarrolló una importante carrera internacional exponiendo en diferentes galerías y museos de Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Portland, Dallas, Miami y diversas ciudades de Europa. En 1992 regresó a Buenos Aires, donde retomó la enseñanza.
En 2005 se publicó el libro Waissman (un artista peregrino) con textos de Rodrigo Alonso, Jordi Aladro, Fabiana Barreda, Florencia Gró y María Paula Zacharías. En 2010 se presentó en MALBA el documental Waissman, de Eduardo Montes Bradley para PBS de Estados Unidos. En 2020 editó su reciente publicación Blanco & Negro - Encapotado - Emboscada. Su trabajo fue expuesto en numerosas exhibiciones individuales como Emboscada (MUNAR, Buenos Aires, Argentina, 2018), Encapotado (Gachi Prieto Galería, Buenos Aires, Argentina, 2016) Abgrund (Museo Emilio Caraffa, Córdoba, Argentina, 2014), Multitudes (Townsend Center for the Humanities, University of Berkeley, California, Estados Unidos, 2015), Fondo de Ojo (Centro Cultural Recoleta, 2015), entre otras.
Su obra forma parte de importantes colecciones privadas e institucionales como: University of Essex Collection of Latin American Art (Essex, Reino Unido); Museum of Latin American Art (California, Estados Unidos); Jack Blanton Museum of Art, The University of Texas (Estados Unidos); The Magnes Collection of Jewish Art and Life (Berkeley, California, Estados Unidos); Galleria Civica d'arte Contemporanea F. Pizzo, Palazzo Spano Burgio (Marsala, Italia); MUNTREF (Buenos Aires, Argentina); Museo Castagnino-MACRO (Rosario, Santa Fe, Argentina); Museo de Arte Contemporáneo de Mendoza (Mendoza, Argentina); Colección Universidad Di Tella (Buenos Aires, Argentina); Colección UADE (Buenos Aires, Argentina); Colección Museo Killka (Mendoza, Argentina); Colección Madres de Plaza de Mayo (Buenos Aires, Argentina), entre otras.
Vive y trabaja en Buenos Aires donde desarrolla una intensa labor docente.



