top of page
Historia de la Luna y la Tierra_edited.jpg

MANUEL

AJA ESPIL

EN UN TIEMPO SIN PASADO

“En el Libro de los pasajes, Walter Benjamin desarrolla un método de lectura analítica basado en lo que denomina constelaciones dialécticas: relaciones entre fragmentos del pasado que colisionan en el presente. En este contexto, la ruina aparece como una imagen reflexiva que no debe caracterizarse como nostalgia, sino como un dispositivo crítico. Benjamin entiende a la ruina como el testimonio de la interrupción del curso histórico, como una partícula temporal que ha sido dañada, suspendida, desgarrada, y que revela el carácter discontinuo y no progresivo de la historia.


El trabajo de Manuel Aja Espil parte de estas premisas para imaginar (poner en imágenes) una mirada particular sobre el presente. En ella coexisten elementos temporales desencajados, al interior de una atmósfera que bien podría calificarse de atemporal. Como en la pintura romántica, el paisaje es el instrumento que permite al artista materializar una perspectiva frente a la existencia y el mundo. Es en esta perspectiva (no en el paisaje) donde se esgrimen los términos principales de su potencia significativa…"


Distopía terrenal - por Rodrigo Alonso

Ruinas en la Cordillera de los Andes
Oil on linen, 180,5 cm x 152 cm 
(2025)
Nocturno con Satélite y el Pico Ánima de Fondo, oil on linen, 91 cm x 136 cm (2025
Vista del Colmillo Blanco en Crossends, oil on linen, 187 cm x 152,5 cm (2025)

OZYMANDIAS

“…And on the pedestal, these words appear:

My name is Ozymandias, King of Kings;

Look on my Works, ye Mighty, and despair!"

Ozymandias - Percy Bysshe Shelley

“Toda representación del paisaje implica una forma de comprender y aprehender la naturaleza, y a través de ellas, un modo de concebir al ser humano y al arte. Los pintores románticos, como nadie antes ni después, elevaron el género paisajístico a la categoría de reflexión metafísica y civilizatoria. Sus lienzos son el testimonio de la autoconciencia trágica de la Modernidad, que reconoce el fracaso de la ciencia y la razón para reconciliar al Ser Humano con la Totalidad.

Las obras de Aja Espil no se inscriben en el canon romántico y, sin embargo, como en aquel, el paisaje surge de un ejercicio de sustracción. De sus cuadros han desaparecido los personajes que animaban, en series anteriores, escenas de calibrado dramatismo. Sin ellos, el telón de fondo se ha emancipado, ganando espesor narrativo y complejidad. La naturaleza se transforma en protagonista. Este desplazamiento, como todo en la obra de Aja Espil, se resuelve mediante un trabajo puramente pictórico. Una refinada exploración cromática (rosas y azules para los cielos, marrones y verdes para los bosques, azules y grises nocturnos, celestes y blancos alpinos) conduce al espectador por geografías sublimes, que el artista ha inventado.

Cada una de las pinturas de Aja Espil se multiplica internamente en muchas otras. Los paisajes son el resultado de un juego de superposiciones, de presencias y ausencias, de equilibrios y pesos relativos entre los elementos representados. La escala se independiza de la perspectiva, ampliando o reduciendo montañas, árboles o máquinas según su función dentro del conjunto. Bajo el peso de los cielos y su fulgor hipnótico, es la pintura la que guía nuestra mirada, creando zonas de atención entre vastas áreas de tránsito, allí donde se define lo representado por sus contornos o sombras…”

Ozymandias, de Manuel Aja Espil - por Renato Fumero

Western (the Bomber Landscape), diptych, oil on linen, 2 x 127 cm x 91 cm (2025)
View of The Great Turbine at Hendstyte, oil on linen, 185 cm x 152 cm (2025)

TELÚRICO

“Para los románticos, el paisaje era una entidad divina. Todo, incluso la vida inanimada, tenía una vida propia; el esplendor de la naturaleza empequeñecía el esfuerzo de la humanidad por darle un uso utilitario. Parafraseando a Byung-Chul Han, la humanidad violó a la naturaleza desde el momento en que la concibió como un medio para un fin al servicio de sus propios objetivos[i]. Creo que por eso los paisajes que solían representar Claude Lorrain o Albert Bierstadt incluían pequeñas figuras humanas, a veces incluso imperceptibles, frente a una escena natural asombrosa y de detalle insondable.

Hay algo en la naturaleza que nos resulta demasiado familiar. Un paisaje hermoso es reconfortante; invoca un estado contemplativo tan ajeno a la vida en las ciudades. Las ciudades se parecen a algo cuya representación más cercana, creo, es el laberinto: nunca se puede ver más allá del entorno inmediato y uno se siente constantemente perdido. En cambio, los escenarios terrenales se asocian con el verdadero origen de la vida, con la energía exaltada de la vida planetaria en sus formas más arcaicas.

La idea del paisaje como representación de todo esto es completamente natural. Podría decirse que, si lo que define esencialmente a la naturaleza es la idea de reposo —ha sido así desde hace muchísimo tiempo; podría decirse eso de una montaña—, entonces la ciudad es exactamente lo opuesto. En la ciudad uno es juzgado, mientras que en la vida nómada primordial en contacto con la naturaleza no hay nadie que te juzgue, salvo quizá Dios mismo a través de sus creaciones. En lo profundo de cada hombre existe el conocimiento de que algo sabe de su existencia. ¿Dónde está Dios? Dios está en todas partes: es el cielo solemne atravesado por nubes rotas y rayos de sol que cortan interminables campos de maíz; está en la corteza de un árbol, en el aplastamiento de la vida bajo la lava ardiente que desborda de la montaña más alta a la vista…”

Telúricos: Press Release - por Pedro Magalhães

The New York Stock Exchange (Telúricos #4) (2024), oil on linen, 63 cm x 46 cm
Transformación Metafísica [also, The Great Transformation] (Telúricos #6) (2024), oil on linen, 63 cm x 46 cm
Volcán (Telúricos #8) (2024), oil on linen, 63 cm x 48 cm
Desarticulaciones
IMG_APL_desart_corte_transversal.jpg
Historia de la Luna y la Tierra_edited.jpg

MANUEL AJA ESPIL
EXHIBICIONES

IMG_6042.jpg
IMG_6046_edited.jpg

30.10.25 - 13.12.25

En un tiempo sin pasado. Manuel Aja Espil


En el Libro de los pasajes, Walter Benjamin desarrolla un método de lectura analítica basado en lo que denomina constelaciones dialécticas: relaciones entre fragmentos del pasado que colisionan en el presente. En este contexto, la ruina aparece como una imagen reflexiva que no debe caracterizarse como nostalgia, sino como un dispositivo crítico. Benjamin entiende a la ruina como el testimonio de la interrupción del curso histórico, como una partícula temporal que ha sido dañada, suspendida, desgarrada, y que revela el carácter discontinuo y no progresivo de la historia.


El trabajo de Manuel Aja Espil parte de estas premisas para imaginar (poner en imágenes) una mirada particular sobre el presente. En ella coexisten elementos temporales desencajados, al interior de una atmósfera que bien podría calificarse de atemporal. Como en la pintura romántica, el paisaje es el instrumento que permite al artista materializar una perspectiva frente a la existencia y el mundo. Es en esta perspectiva (no en el paisaje) donde se esgrimen los términos principales de su potencia significativa.
Para llevar adelante esta tarea, Aja Espil recurre a geografías dislocadas, en las cuales pueden convivir montañas nevadas, bosques inciertos y palmeras tropicales. En estos territorios artificiales, que no hacen otra cosa que nombrar la artificialidad de todo paisaje (en la medida en que el paisaje no existe sino en la mirada que recorta una porción de la continuidad del mundo), se encuentran ruinas mercantiles, industriales y tecnológicas, piezas vinculadas alguna vez con el poder, el futuro y el progreso, exhibidas ahora como representantes de utopías olvidadas y fracasos. En la mayoría de las pinturas aparecen aviones, satélites y hasta un Challenger caídos, como si una fuerza poderosa no los hubiera dejado alejarse del planeta, escapar de sus problemas. Esta condena terrenal se derrama como un comentario ácido sobre las fugas digitales contemporáneas.


"Lo único que se puede asegurar de la tecnología es que será obsoleta", decía Nam June Paik. Pero aquí no se trata únicamente de una obsolescencia material, sino más bien, y sobre todo, de la decadencia de una visión de mundo —de una cosmotécnica, en términos de Yuk Hui. Los paisajes solitarios de Aja Espil son profundamente humanos, no sólo por la recurrencia de los residuos técnicos, sino, sobre todo, porque sus escenas alegóricas estimulan una lectura ética, suponen la interacción crítica con un observador que habite sus interrogaciones latentes.


En los últimos años, el filósofo Jens Andermann acuñó la noción de postpaisaje para referirse al resurgimiento de las imágenes paisajistas en el arte actual, y sugerir que ya no se puede representar a la naturaleza como una entidad bella o armoniosa, sino que habría que plasmarla como un campo de conflictos. Paradójicamente, Manuel Aja Espil presenta una naturaleza que es, al mismo tiempo, bella y conflictiva, armoniosa e incongruente. En sus paisajes fantásticos poblados por las ruinas inobjetables de nuestra civilización, en medio de brumas seductoras y vegetaciones envolventes, sobrevuelan algunos de los trances más acuciantes de nuestro tiempo.
 

Texto: Distopía terrenal - por Rodrigo Alonso

Historia de la Luna y la Tierra_edited.jpg

MANUEL AJA ESPIL

 

BIO

Manuel Aja Espil (1987) nació en Buenos Aires, Argentina, y actualmente reside en Madrid, España. Aspirante a cineasta, comenzó la carrera de Dirección de Cine, y luego se volcó por completo a la pintura. Estudió en el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires, 2016) y en la Skowhegan School of Painting & Sculpture (Maine, 2019).

Manuel Aja Espil fue residente en el International Studio & Curatorial Program (Nueva York, 2022) y en el London Summer Intensive (Slade University y Camden Arts Centre, Londres, 2017). Fue beneficiario de la beca de la Pollock-Krasner Foundation (2024), de la Elizabeth Greenshields Foundation (Canadá, 2022 y 2023) y del Fondo Nacional de las Artes (Argentina, 2018). Su obra fue exhibida en el Museo MALBA, la Fundación Proa, así como en galerías en Buenos Aires, Guayaquil, Mallorca, Lisboa y Nueva York. Actualmente exhibe su trabajo en Lisboa, Nueva York y Buenos Aires.

bottom of page