Mientras estoy durmiendo. Nino Cais

Un sueño con laterales

1/ La gloria del arte está en volverse una forma extraña ante nosotros. Alcanza con tan poco…
No hace falta colgar grandes estructuras metálicas realizadas por asistentes mal pagos, ni utilizar softwares espasmódicos que inventan formas de dos colores, ni enchastrar muñecos, módulos y toda la sala para parecer excesivo. El exceso es verdadero en el momento donde la sensación revive por un segundito y dice que las cosas no son tan así. Como acá, en esta sala pasa eso. Hace un tiempo que le digo a todo esto Arte Chico, un arte que pone su fuerza en liquidar los lenguajes con prudencia, sin alharaca. Arte chico es también una idea literal. Alcanza con ir, por ejemplo, a ver el retrato que Henri Rousseau hizo de su padre y que está colgado en el primer piso del Museo Nacional de Bellas Artes. Rousseau hacia arte chico de manera exponencial, por varios costados de su vida, de su estilo, de su forma de ver y de su manera de pintar.

2/ Hay obras que tienen el centro ladeado. La humildad de su prepotencia está en distinguirse por lo que tiene de normalidad. Puede pasar desapercibida en el pensamiento de las bienales pero le achaca al espectador paseandero de la ciudad una sensación: “mirá, capaz que alcanza con cortar una hoja mal. Cortarla mal es cortar con estilo”. El espectador piensa en el mal y sabe que cualquier técnica está dotada de tiempo y de estrategias discursivas o culturales para que se realice así, naturalmente. Porque no sabemos por qué agarramos una tijera como la agarramos. Pero podemos agarrar para el lado de la superficie que nadie agarra. Nino le da para adentro a los materiales, los explota y los envuelve. La cáscara del material es también la de la imagen, que abre un surco en sí misma, para alcanzar el efecto de un embrujo. Todo esto con nada, con casi nada: la foto de una revista de arte, las uñas, alguna regla, un poco de pegamento y algo que corte.

3/ Estamos en la manifestación de una tensión entre adentro y afuera que no se resuelve. Lucio Fontana tiraba para atrás la tela, la radicalizaba. Por eso la punta de riel del arte del mirar para adelante desde atrás está en su obra y tiene como una de sus estaciones al propio Nino, a Lygia Clark o, en este país, a Max Gómez Canle, que desmarcaba los marcos de sus cuadros para que el cielo rompa en falsa escuadra. Nino provee imágenes que vienen de acciones míticas. Imagino tres. Una pala de punta hurgando en las imágenes ordinarias o en las tintineantes. Una guillotina cortando por donde más nos duele. Una cara arrancada con la mano, como si Bacon hubiese enloquecido doblemente sobre sus pinturas.

4/ Los sueños siempre terminan en el peor y en el mejor momento. Tienen la intensidad de un mientras tanto. Bailan en su fuerza pasajera. Se ríen de la expectativa. Están despiertos en el momento en que la cabeza duerme y el cuerpo no. En el momento en que hay un conflicto entre ganas y mandato. En estas obras queda enterrada la clarividencia de la geometría y el arte alternativo de las líneas y el color sopla para ordenar lo que tenemos para confesar aunque no nos animamos. La aparición de las imágenes pobres para bien (chicas) del arte. La sorpresa de encontrar volumen en el juego, ruido en la visión, descanso de los reflejos y una propuesta con ritmo de definición: dormir es una manera de decir que se está haciendo algo que nos pertenece y que contribuye a un mundo que solo nosotros conocemos, un territorio que por suerte nos cuesta describir.

 

Juan Laxagueborde

4.4.18 - 5.5.18

Gachi Prieto. Buenos Aires, Argentina.