Reino Pretérito

Florencia Almirón

Texto: Mariana Cerviño

08.06.21 - 24.07.21

Permanecer en la frontera

La obra de Florencia Almirón es un coro de distintas voces que suenan como ecos, desde todos los lugares donde estuvo y también desde aquellos a donde llegó a través de ideas, de deseos, de lecturas. La enorme cantidad de recursos plásticos se repliega para dar lugar a una relación íntima, emocional y táctil con los materiales. Como si aquel momento de su primera juventud, descubriendo el arte por primera vez en algún taller de la Escuela de Bellas Artes, siguiera ahí para recibirla siempre.

 

En esta muestra, Reino Pretérito, Almirón se pregunta de diferentes maneras por el grado cero de la experiencia del mundo, que es también la del arte. Se trata de obras que construyen un universo que podría ubicarse tanto en el principio como en el fin. Por momentos vuelve su mirada desde un futuro distópico, que ya despunta en el presente. Es unx arqueólogx que, para desentrañar los secretos guardados de un planeta a punto de extinguirse, recoge fragmentos y los somete a operaciones de observación sensibles y precisas.


La reflexión artística de Florencia tiende un puente hacia problemas contemporáneos, sin por eso abandonar el lenguaje propio del oficio. Una ontología feminista permea las superficies de objetos que trascienden dicotomías, articulando lo que podría presentarse como una oposición: lo vivo y lo inerte, lo líquido y lo seco, lo humano-industrial-animal, llevando al taller la premisa cyborg, que permite desandar los géneros, en primer lugar, pero inmediatamente abre una interrogación sobre el parcelamiento estricto de la definición de las categorías, en todos los registros. Armada con lo mejor del feminismo teórico, el arte le permite detener el pensamiento justo antes de la definición cerrada de las cosas. Señala en cambio el espacio entre ellas, la duda suspendida justo antes de la resolución. Se trata, como dice Donna Haraway, de permanecer en el problema. Ese detenimiento aparece en la petrificación de mujeres cuya mirada se ve obturada. En un caso, por la acumulación de materiales de deshecho que podrían ser industriales o bien orgánicos. Lo mismo ocurre con la escultura metálica de la más joven, cuyas antiparras de trabajo devenidos binoculares, opacos por completo, contradicen la voluntad de ver más lejos. Inspirada en el feminismo cyborg, se trata en todas las obras de híbridos entre máquinas y organismos, criaturas reales, pero también ficcionales, mitológicas.


Los gestos primarios vuelven al problema del origen, pero de un origen ontológico más que histórico, lo que sostiene la pregunta por el sentido de la vida. Florencia evita abrir juicio, elude la tentación solucionadora del dilema: ¿es la mordida el gesto primitivo o, en cambio, es el instinto prensil, asir, apretar con fuerza la materia maleable como agarrándonos de algo para no caer hacia el abismo? Quizás la experiencia que propone esta muestra es el movimiento irresuelto, pendular, entre por un lado el temor al otro, la preparación contra la inminente agresión externa, y por otro, el siempre renovado deseo de apego hacia algo o hacia alguien, la pulsión de vivir juntos en este mundo y de encontrar palabras para nombrarlo.

Mariana Cerviño
Buenos Aires, mayo 2021