Vivir juntos, solos

Sebastián Camacho

Curaduría: Carlos Herrera

Texto curatorial: Marie Bardet

Intervención sonora: Felipe Camacho

25.06.22 - 13.08.22

Vivir juntos, solos

En el espacio que se arma entre un cuadro y otro, sobre la tangente de ese borde que fuga, van flotando la temporalidad singular de una cohabitación aislada y un espacio abierto a las preguntas: ¿con quiénes convivimos en extrema soledad? ¿qué va trazando la intimidad de una asfixia? ¿y la asfixia de la intimidad? ¿es respirar, una forma singular del estar junto con? ¿habría en la con-spiración un campo de imaginación sensible en el que pensar modos del vivir juntxs, y no?


En esta muestra, Sebastián Camacho pinta retratos, de personas íntimas, sí, pero también -o sobre todo-, retrata un tiempo, un tiempo de desorientación de las respiraciones y de las miradas; un tiempo absurdo de los gestos mínimos imposibilitados. Ventanas abiertas sobre escenas de la vida interior, una vida doméstica extrañada por las bolsas que recubren la cara con esa mezcla particularmente inquietante de delicadeza y peligro, dan a ver una intimidad (en piyama) radicalmente expuesta en una pintura, jaqueando así la frontera que supuestamente separa “adentro” y “afuera”.

 

Cuando respiramos, el más mínimo alveolo del pulmón se encuentra expuesto al aire que entra del “mundo exterior”. Este gesto continuo, mayormente inconsciente, que nos sostiene la vida, desdibuja sutilmente, a cada minuto, el límite entre yo y el mundo, con su aire más o menos amenazante. Cuando respiramos, también, algo se suspende; entre una espiración y la inspiración siguiente, un pequeño suspenso. Un aire de pausa que no detiene el movimiento, más bien le permite seguir, y nos permite. Así, simplemente, en la respiración -en el cuadro- algo se sostiene.

 

Sostener en una muestra el gesto atemporal de retratar a la gente amada, menos tal vez para fijarles en el recuerdo o para retenerles en el bastidor, que sosteniendo la temporalidad de un momento estirándolo sobre la tela, en cada pincelada minuciosa. Pintar como un ritual de atención, desde todas las fibras musculares del brazo, de la mano que sostiene el pincel, y de los ojos que -me imagino- van viajando entre una foto, la imagen en proceso y se pierden en el divague que supone intentar recomponer la imagen de una persona querida.

Marie Bardet
La Boca, Buenos Aires, junio 2022